DESARROLLISMO

DESARROLLISMO

DESARROLLO Y TRANSFORMACION SOCIAL.

 Hace unos 25 años, en el Norte de República de Benín, en un pueblo llamado Banikoara, la vida tenía un curso humano y en su conjunto les llenaba a todos,  unidos por los vínculos de familia, de amistad y de fraternidad. La vida no se aguantaba, se celebraba o mejor dicho se disfrutaba. Las estaciones son las que daban un ritmo a la vida anual. Con la lluvia viene la esperanza y el tiempo de trabajo de campo. Con la época del armatan[1]viene la alegría de las cosechas. Más vida en el pueblo, se organizan ceremonias de grandes importancia como el Woru[2], las bodas y otros eventos del pueblo. Con la larga sequía, el duro calor, las dificultades de subsistencia que no quitan la alegría de vivir y de seguir esperando la próxima estación de lluvia.

  Aquí la vida tiene otra lógica. La tierra y el cielo son dos elementos de gran importancia. De sus entrañas, la tierra da de comer a los hombres cuidando así de ellos. El cielo deja caer el agua que da vida y pacifica la tierra. También el cielo queda la única instancia de recurso o de apelación en tiempo de calamidades: hambrunas, epidemias, ataques de otros pueblos, injusticias. Para la gente de Banikoara, el cielo tiene oídos y la tierra mucha compasión. Para todos la vida tiene su lógica y una lógica que ninguna otra lógica tiene legitimidad de juzgar. Así se ha dado sentido a la vida, así se ha dado vida y existencia a las cosas. Entre las entrañas de la madre tierra, las manos y los ojos del cielo, la vida en su transcurso le da al hombre de ser y de existir. De allí que la existencia del hombre es un don para con los demás. Es legítimamente hijo y protegido como todos los demás. Como hijo, él honra a la madre tierra cultivándolo con delicadeza, cariño y ternura. Una relación de fusión sentimental y de relación de dependencia se crea y da lugar a un trato sagrado que se traduce en ritos de agradecimientos a las cosechas y en ofrenda a la presentación de las semillas para la nueva estación de cultivo. Son las entrañas de la tierra que nos recibe a todos, sujetos como reyes y príncipes. Ella es madre de todos. Y una madre solo tiene el mismo amor para con sus hijos. Las  diferencias de preexistencia o de categoría no le importan a la madre tierra. De ella vienen todos y a ella retornan sin falta y excepción. La visión del mundo del pueblo bariba es una visión deísta. El cielo representa y manifiesta la existencia de la justicia sobrenatural. En el concreto de la vida, todo el mundo debe vivir en conformidad a la lógica de pertenecer a una misma madre y a no hacerse daño. Eso explica la fuerte influencia de los fuetes laxos de familia, de comunidad y sobretodo de partencia uno con otro. De allí viene el famoso código de convivencia que para el pueblo bariba se resumen en pocas palabras: “dignidad y virtud”.

 La noción de la dignidad es muy exigente, lleva la connotación de todos los pueblos sedentarios que acaban fijando fronteras y milites en su modo de llevar la vida. La dignidad impide la envidia y la codicia. Para el Baatonu el robo es algo que desnaturaliza al ser humano. En el robo se incluye el adulterio con la mujer o el marido de otro. Y el que roba ha perdido la vergüenza. Y al que pierde la vergüenza ya deja de ser una persona. En general quedan excluidos de la sociedad cuando no se dan el suicidio por la carga del rechazo de la sociedad ya que nadie se le va a ocurrir dar la mano de su hija a un ladrón. La mayoría de los casos de mala vida suele ser los hombres.   

 En la noción de la virtud, hay que entender el sentido latín de “aguante”, de “fuerza”. El código invita a todos a la lucha continua, a la perseverancia. En su origen, los Baatombus son descendientes de guerreros y grandes cazadores y enemigos jurados de los islamistas de toda la franja del Magreb. El Baatonu debe trabajar con dignidad para ganar su pan de cada día y procura la comida al más débil, al huérfano, a la viuda y al forastero. Su vida es obligación y solidaridad. Nadie nace y vive para si.

 Todo se vive en comunidad. Todo se comparte.  Las bodas, eran vitales en el pueblo. Es cosa de todos, solo con ser del pueblo o de encontrarse allí,  uno está implicado. Cada familia aportaba su contribución en lo que podría dar alma a la fiesta. Por supuesto no había tarjeta de invitación. Es la ocasión de salir de la rutina de la vida y de pasárselo bien. Es tiempo de cosecha hay posibilidad de dar y de compartir. Entonces, la fraternidad y la solidaridad eran los que regulaban todo. No se hacia nada por solo puro egoísmo. Se hace todo pensando en los demás y en el bien de todo el pueblo. La pareja que se casa y sus familiares descuidan de todo apoyándose en los suyos que son todos del pueblo. Y luego cuando tienen hijos, los hijos son de todos. Todos participan en la educación de los niños. Ningún niño escapa a nadie. Y tampoco moría de hambre porque podría comer en cualquiera de las familias del pueblo.

Los trabajos de limpieza del pueblo se hacían juntos, todos participaban. Se podría decir sin exagerar que el pueblo tenía un mismo corazón y un mismo espíritu. Eso era Banikaora hasta que nos visitó el capitalismo que tiene como coche la cooperación y la globalización como chofer con la última intención de llevarnos al desarrollo.

 El desarrollo via el oro blanco.

 Bajo el nombre del desarrollo Banikoara ha tenido la visita del Señor Capitalismo, llegado en su coche llamada globalización gracias a las aptitudes de su buen chofer la Cooperación. Ha venido Señor Capitalismo y todo ha cambio en Banikoara. Lo que preocupa es que todo sigue cambiando porque el coche de Señor Capitalismo le lleva hasta las aldeas y rincones de Banikoara. Se hace con todas las rutas. Nada le resiste en su conquista armada y sin compasión.  

 Se ha pensado en el desarrollo de Banikoara, que en realidad ha sido la implantación del capitalismo con la propuesta de la cultura del algodón para alcanzar el bienestar y el crecimiento económico pensando llevar el desarrollo a este pueblo y a sus habitantes. Lo que de verdad se ve es que en toda parte han crecido campos de cultivos de algodón. Se ha edificado una gran firma del tratamiento previo del algodón. Ha llegado el desarrollo con muchos trailers que cargan el algodón de los campos  a la firma de tratamiento previo y lugo van camino hacia el puerto de Cotonou la capital del país. Mejor dicho nos han prometido el desarrollo pero lo que ha llegado es la desestructuración y la deshumanización tanto de las capas sociales que del orden de la naturaleza.

 La llegada del oro blanco, según dicen los predicadores del desarrollo es una suerte para Banikoara. Para la gente de más de 35 años es una situación de desorientación profunda. No saben ni ubicarse y dirigirse tan rápido y profundo ha sido el cambio.  

 Esta entrada del capitalismo con nueva visión del mundo han prostituido los valores ancestrales que hacia de la persona en centro de todo, y asentaba los fundamentos de la convivencia en la solidaridad y la fraternidad. La unidad y el bienestar de todos están así asegurados. Un mismo pueblo, un mismo caminar, un mismo asumo de la comuna condición humana. Lamentablemente los instrumentos de batalla son desproporcionados. El arma más poderosa es el dinero que por esencia es la madre del engaño y de la infidelidad. Con el algodón, se ha interrumpido el curso del desarrollo del pueblo de Banikoara. Un curso de formación y de cultura de valor multisecular parado y substituido con una propuesta de inmediatez llamado desarrollo por crecimiento económico desplazando así el ser humano de la plaza preferencial que siempre ha tenido. El desarrollo se ha convertido en una tarea y no una vida como entonces se vivía. Se ha pasado de ser a existir. Ya el desarrollo no es parte integrante del ser humano. Es un elemento artificial que le viene de fura y le violenta. Es violento no solo porque viene de fuera sino porque sus fines le son ajenas al que no le  queda otro remedio al ser humano que echarse al agua. Así los habitantes del antiguo paraíso de Banikoara pueden comprarse a estos inmigrantes abandonados en medio mar. Fin de una ilusión que se paga por la muerte. No es una exageración. Con el oro blanco ha entrado la muerte en Banikoara. Ha entrado tanto la muerte del hombre, de su cultura, del cielo y de la madre tierra por la hegemonía del dinero.

 El dinero como una mujer de vida alegre, soltera y suelta en un pequeño poblado ha venido a destrozar y a romper los hogares por que vehicula y lleva consigo el veneno de la sospecha y de la infidelidad. El dinero inmediato ha pervertido tanto la vista que el corazón de los jóvenes de Banikoara. El egoísmo ha sido ganando plaza, el individualismo convirtiéndose en dueño de los más ávidos, y el robo señoría de los individuos parásitos. El trabajo asalariado por tiempo de trabajo, en general por hora, ha matado y sepultado en poco tiempo la cultura del trabajo de participación a la vida familiar y a la vida del pueblo. Antes, todos tenían obligación al despertar de saludar a los mayores y cuidar de ellos con los trabajos en campos comunes. Hoy no, ya nadie piensa en los mayores que han mantenido la sociedad y merecen hoy un cuidado agradecido. El dinero es un gran tirano que se somete a todos. Casi ya no hay vida de familia. Los que quieren el dinero inmediato, muy temprano salen de casa para ir a la firma. Ganan algo que les permite llevar con facilidad el día a día. Se ha perdido la perspectiva de futuro, del curso de las estaciones. Ya no se teme la época de la larga sequía. Se ha abandona el cultivo de los viveros a favor del cultivo el algodón. Los problemas no tardan en surgir. La hambruna hace su aparición y golpea duro. La gente muere de hambre. Poco a poco la violencia se va instalando, y eso es el fruto del desarrollo que se deben a los señores: Capitalismo, Cooperación y Globalización. Al mismo tiempo que ha subido el PIB, también se ha instalado la muerte gratuita, las enfermedades, y la inseguridad.

   

El curso de la vida ha cambiado. Ya no se nota tanto fervor de pertenencia cultural. Las celebraciones han tomado otro rumbo. Antes las bodas eran un acontecimiento comunitario. Se respetaba la esencia misma del matrimonio basado en el amor. Antes para contraer matrimonio no era nada complicado. Con que solo sepan los padres los orígenes del novio, todo estaba dado por hecho. Solo uno contestaba a la pregunta: de donde eres. Pero desde que ha entrado el dinero con sus corolarios la avaricia y el egoísmo, de la pregunta de “donde eres”, pasamos a las siguientes: a que te dedicas en la vida, o los más atrevido iban directo al grano: ¿qué ingresos tienes?  De la dota simbólica, se ha pasado al un precio cada vez más importante para pedir la mano de su novia. El amor se ha mercantilizado. Destrucción de las familias. Las chicas se rebelan contra sus padres negociantes. Aumento de embarazos sin los previos rituales prematrimoniales. Muchas fugas de jóvenes a la ciudad y a otros pueblos. Los matrimonios forjados se multiplican y alimentan muchas infidelidades. Como ser fiel cuando las chicas viven con uno que les ha comprado y tienen a dos kilómetros el hombre de su vida. Eso es el regalo del desarrollo a Banikoara por parte del Señor Capitalismo que bien han sostenido la cooperación y la globalización.

 El desarrollo no le deja indiferente a nadie y a nada. La madre tierra ha sido profanada y de hecho desacralizada. Ya no es esta madre a la que se hacia un ritual al inicio y al final de las estaciones. Con máquinas gigantes y potentes, se la va brutalizando e hiriendo. Llora en silencio. Se extirpa de sus entrañas los árboles dejándola desnuda sin ropa. Lo peor es cuando se le ahogan, arropándole de productos químicos. Ya no existe un espacio sagrado y a su vez una relación de piedad con la tierra. La impiedad va ganando terreno y la vida se vuelve sin sentido. Ley ancestral: “la tierra no se vende, se comparte”. No extraña nada, ya que el sagrado matrimonio se ha convertido en un negocio, que más queda. La gente vende sus hijas por dinero. Ya no les queda nada de escrúpulos si por dinero uno puede renunciar a su propia sangre. Pasan a vender tierras, estas tierras en cuyas entrañas reposan sus antepasados   desde que el mundo es mundo. Es un verdadero drama.

 Perdido en un rincón del mundo, de la nada Banikoara pasa a ser un modelo de pueblo emergente, por responder a  los criterios capitalistas de desarrollo. Claro que el índice de desarrollo del país ha subido. Es cierto. Lo cierto también es que ha surgido otro tipo de vida que rompe con valores de convivencia, de solidaridad, de atención mutua. De la vida centrada en lo comunitario se ha dado paso a un individualismo infernal sin escrúpulos ni compasión. No se puede hablar de un desarrollo humano, ni de una transformación social sino de una desviación social para decir las cosas por su nombre.

 Claro que sí; hay más coches en un pueblo donde todavía no hay un pozo de agua potable para cada barrio. Es más fácil comprar una botella de licor que tener una buena botella de agua potable. Hay televisiones en toda parte nadie acude a escuchar a los mayores, cuando ya no es dado tener a su alcance la hierba de Kinkiliba para luchar contra la malaria, ya que las buenas tierras han pasado solo al cultivo del oro blanco. La carretera asaltada llega de Kandi a Banikoara, la capital del algodón para poder llevarlo al puerto con más facilidad. Y cuando luego vuelve el mismo algodón en las farmacias después de su transformación en occidente, ¿quién de los productores de Banikoara tiene la capacidad económica de poderse comprar y disfrutar del producto del fruto de su sudor? Esto si que es el mejor ejemplo del desarrollo de nuestros pueblos.

 Que concluir del paso del dinero metálico en Banikoara bajo el pretexto del desarrollo que promueve la cooperación financiera. Puedo afirma sin remordimiento que realmente la pobreza es la verdadera riqueza de los pueblos. Y la riqueza medida solo por dinero la verdadera pobreza de los pueblos.   

 

 

 

 

 



[1] El armattan el un viento seco que sopla del desierto que podría corresponder con la época de invierno en Europa. Por la mañana y la noche bajan las temperaturas. Dura de finales de noviembre a febrero.

[2] Woru son grandes ceremonias anuales en las que se conmemora a las figuras destacadas del pueblo fallecidos en ese período. En esta celebración se da de comer a los muertos, manifestando la solidaridad de los vivos con ellos. 

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