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BIEN COMÚN VERDAD O MENTIRA.

BIEN COMÚN VERDAD O MENTIRA.

LOS BIENES COMUNES MUNDIALES Y LA VOZ DE LOS SIN VOZ: AFRICA NEGRA

Dentro del marco del desarrollo, se habla mucho de los bienes comunes mundiales en término de reivindicación o de denuncia por su “no-realidad” o por su apropiación por el sector privado. Gracias al sistema de globalización, los conceptos de BCM[1] han llegado a todos los rincones de la tierra. Es una tarea noble de suma importancia que le debemos a la globalización: la vulgarización del concepto de BCM y no el afán de voluntad de su aplicación. Frente a ello estamos en una situación de decisión y de reacción activa.  Ahora bien ¿qué son los BCM? : ¿ necesidades fundamentales de existencia a defender por ser primordial  o nuevos conceptos más como los del desarrollo para discurrir y distraer a la opinión pública escondiendo el verdadero problema?  Pero antes, tenemos el deber de entender bien a que nos referimos cuando hablamos de BCM.

“¿Qué es un bien? Normalmente se usa este término para indicar una sustancia, un objeto, un servicio, una manera de ser y de comportarse, a la que se da un valor positivo.  Generalmente se une al adjetivo “común” para indicar lo que es relativo a una comunidad de personas organizada. Muy a menudo surge la ecuación bienes comunes= bienes (y servicios) públicos. Pero no todo lo común- piensen en los bienes de una sociedad deportiva, de una comunidad de propietarios, de una cooperativa- es público[2]

Otra definición[3] : Por los comunes o “el procomún” o bien comunal se entiende aquellos bienes, recursos, procesos o cosas (ya sean materiales o de carácter intangible) cuyo beneficio, posesión o derechos de explotación pertenecen a un grupo o a una comunidad determinada de personas. El grupo en cuestión puede ser extenso –incluyendo, por ejemplo, todos los individuos, o los habitantes de algún país, región, ciudad o pueblo, etc.- o restringido, como por ejemplo, una familia o algunos miembros de alguna familia, o grupo de personas establecido para un propósito especifico (por ejemplo, una cooperativa o sociedad anónima). Los bienes, recursos, procesos o cosas que en la actualidad pueden ser considerados como parte del procomún comprenden desde bienes públicos generales (libres) y físicos (tales como el mar o el aire) a “bienes abstractos” (tales como la defensa o seguridad nacional) o el conocimiento en general o instancias especificas de tal: datos u otros elementos de información (ver, por ejemplo Wikimedia Commons)

 Veamos la lista de los BCM para poder luego decir hasta donde son puramente públicos o no.

  Según Roberto Bosio no  se puede haber una sociedad o una comunidad sin uso de los BCM a los que reconoce dos características que son:

1-      Un bien es público porque nadie puede ser excluido de su uso. Por ejemplo, al respirar, no le privo a nadie del aire. No genera ninguna situación de competencia, ya que estamos fuera de un contexto de posible apropiación.

2-      Un bien es público porque no hay que entrar en competencia con otras personas para tener acceso a él. Un estudiante que asiste a la escuela no impide que otras asistan, mientras que para apropiarse de un bien – o servicio- privado es necesario competir con otros.

Veamos la lista oficial de los BCM. Aquí citamos a Bosio[4] :

El aire;

El agua como conjunto de cuerpos hídricos que participan en el ciclo del agua y, en este sentido, los océanos;

La paz;

Los bosques como lugares de máxima biodiversidad;

El clima mundial;

La seguridad, en el sentido de la lucha contra las nuevas y viejas formas de delincuencia en el mundo (tráfico de armas, drogas, inmigración clandestina organizada, proliferación de los paraísos fiscales);

La energía en cuanto a todo lo relacionado con la explotación de los recursos renovables y no renovables a nivel internacional;

El conocimiento, en particular en lo concerniente al capital biótico del planeta y su diversidad;

La información y la comunicación.

 

La tarea de aclaración no es nada sencillo ya que los mismísimos BCM pueden convertirse también en bien privado, con que más de una persona se establezca en un grupo con derecho de posesión. Se reconoce y se habla de BC privado. Y sabemos que cuando interviene la palabra “privado”, hay siempre exclusión. Y el principio fundamental de un BC es que nadie queda excluido del provecho o del uso de este bien. Lo privado genera sistemáticamente una competencia que admite a unos y excluye a otros. Eso sí es la verdad entorno a los dichos bienes comunes.

Se puede pensar que estos conceptos son relativos en sí y no obligarán a un reconocimiento y respeto de su propio contenido. Pues bien. La lista de los BCM en realidad no es nada realista ni objetiva. Prestan a equivoco. Podemos extendernos aquí en miles de páginas evocando ejemplos y hechos contradictorios de algunos bienes con respecto a su accesibilidad. Si se decía en término de deseo, que estos bienes citados puedan ser realmente bienes comunes mundiales, por mundiales entendemos que en cualquier rincón del orbe, sin discriminación ninguna, estos bienes sean de fácil acceso a todos. Lamentablemente no es así y no sabemos si será así un día.

Reconsiderando volvemos a decir que sí, las cosas eran así al menos en África hasta el principio de los siglo XVI.

                La tierra era de todos, nadie se hacia dueño de la tierra ya que tiene un carácter sagrado. Desde luego es ella quien nos acoge en se seno cuando la muerte nos golpea. De nadie era la tierra ya que nadie se la lleva ni de viaje ni cuando se le acaba la vida en este mundo. La desolación hizo su entrada en los pueblos africanos con la colonización cuando sus tierras y sus hijos han dejado de ser unos bienes comunes convirtiéndose en una mera cosa apropiable. Como un pastel que se puede comprar a un euro en Carrefour, se ha divido y repartido a África. Y así con sus habitantes, se han convertido en propiedad de unos cuantos colonizadores impíos. Sobre las tierras y las personas han puesto sus marcas y sus nombres: territorio de la corona francesa, británica, inglesa o belga. Así entra sórdidamente el concepto de la propiedad en África. Bajo el pretexto de la civilización y del desarrollo, se han divido las tierras en territorios, de territorios en ciudades, de ciudades en cantones, y así cada espacio con sus propios habitantes alejando así a pueblos unidos con una tradición multisecular. A las barreras de división han puesto la chaqueta chula y vergonzosa de fronteras. Claro que sí desde su origen, las fronteras no han sido para unir sino para separar y etiquetar.  

Quien pone nombre a la tierra, pone nombre también al agua. Ya que el agua sale de las entrañas de la tierra. Si una tierra me pertenece, me pertenece en su conjunto con todo lo que lleva. Esta agua es agua de mis manantiales ojo con pisar el suelo  mis propiedades. El agua también deja de hacer parte de los bienes comunes. Sola la historia puede acordarse de cuantos han muerto de sed y cuantas matanzas ha habido respecto a la apropiación de ríos y manantiales. La propiedad, el hecho de poder poseer todo, pone también limites a la vida. Hasta lo esencial de la vida puede convertirse en un bien privado por simple razón del derecho a la propiedad privada: el agua.

                El agua ¿que es el agua? El agua declarada y reivindicada como uno de los bienes comunes fundamental y vital,  no suena lo mismo tanto para un niño bilbaíno que para un niño de Banikoara. En Bilbao, con presionar un grifo, corre agua, y no es cualquier agua, es agua asegurada. Por los parques se puede ver fuentes con aviso: “no beber, es solo para lavarse las manos” y etc. Con eso queremos decir que es legitimo que para un niño de Bilbao, el agua se considere como un bien común mundial, ya que para él es una necesidad cubierta de sobra, hasta diferenciada: agua como bebida y agua solo para lavar. Evidentemente el uso que hace este niño del agua del grifo de su casa, no le priva a nadie de Bilbao de agua, así en Bilbao la cuestión del agua no suscita competencia. Ahora bien, para el niño de Banikoara, el agua no está dentro del mismo registro que le tiene puesto el niño bilbaíno. Es un bien peculiar y un tesoro. Y por ser peculiar no se puede poner en el registro de lo común. La relación de este niño de Banikoara con el agua es una relación de dependencia, una relación de respeto y hasta de veneración. Cuando uno ha visto morir de sed  a amigos y familiares, no le queda otro remedio que divinizar el agua. No es cierto que tenemos sentencias  que han clamado que el agua es fuente de vida, y ¿que sin agua no hay vida? El agua fuente de vida, genera también precariedad e inseguridad cuando no es de acceso fácil. Se ve de pronto la ambivalencia del agua. Está y brota la vida, no está y se instala la muerte.

Los grifos y las fuentes que para unos son elementos ordinarios de la vida cotidiana, para otros son todavía desconocidos y aunque conocidos entran hacer parte del registro de lo lujoso. Solo desde este punto de vista, se requiere revisar la lista de los elementos que forman los dichos bienes comunes. Los grifos y las fuentes requieren una inversión consistente,  que para uno que todavía no ha tenido la dicha de escavar y de encontrar una fuente de agua es impensable. ¿El agua qué es?¿ Una necesidad o un derecho para el ser humano? Por su rareza el agua no satisface el criterio de no rivalidad. Con solo ver la escena degradante que se monta en Sirarou[5] en el mes de mayo entorno a un pozo artesanal de agua que ha perforado la fundación “Vida Para Todos” basta para volver a repensar el criterio por lo que el agua es un bien común. Ya a las 4 de la mañana, pasan grupos de personas en búsqueda de agua. Se hace una cola muy larga que me recuerda aquí la cola que hacemos los inmigrantes en las policías para la regularización de nuestra documentación. Y cada uno tiene derecho como máximo a unos 25 litros de agua para todo el día hasta que vuelva otra vez a la cola el día siguiente. 25 litros para cocinar, beber y fregar, no es satisfactorio en un contexto de familia de más de 5 personas. No es normal. Es sencillamente degradante.

El agua ya no sabemos si es un bien común pero lo que si sabemos de sobra es que es un bien esencial, primario, precioso e indispensable. Los Estados deberían de priorizar la cuestión de los bienes comunes y especialmente el agua. Es triste ver que lo público poco a poco va desapareciendo dejando su espacio de intervención al sector privado. Al menos en África en general la gestión del agua la llevan empresas de fuera. El escandalo más cercano es el de Costa de Marfil donde desde las independencias, Francia por una empresa privada seguía gestionando la luz y el agua en un país dicho soberano. Sacar beneficio hasta de lo primordial es ignominioso. Con el agua se puede todo. En algunos casos se ha utilizado como instrumento para chantajear: “si no hacéis lo que queremos, subimos el precio del agua, y tendréis toda la población por la calle”. El agua está en mano de los más poderosos capitalistas.  El capital se hace con todo. El espacio y los bienes públicos que garantizan el Estado son vitales si queremos una cohesión social. Es donde en realidad nadie debería de quitar nada a nadie. Y cuando se pierde este espacio público, o mejor dicho cuando se privatiza el espacio público, se genera frustraciones y malestar que desembocan en violencia que arriesga la paz. Cuando un gobierno o una instancia decide de privatizar el derecho a la vida de sus ciudadanos o de los  ciudadanos de otros países dominados, lo que se pierde es la humanidad y la vergüenza y lo que se gana es un maldesarrollo llamado violencia, terror y terrorismo.

Padre THEODORE SOUME, para un mundo más humano.   

 

 

 

 

 

 

 

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[1] Bienes Comunes Mundiales

[2] Roberto Bosio “ Más allá del capitalismo”, Editorial Popular, S. A., Madrid, 2011, 221

[3] Wikimedia

[4] Bosio,224

[5] Es un pueblo de la República de Benín. Pertenece al ayuntamiento de N’Dali a unos 35 kms de Parakou que es la capital del departamento de Borgou. 

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